ARTICULO |
1 OCTUBRE 2011 – Número 5 |
Inglaterra y las revueltas nihilistas: la advertencia de Louis Mercier Vega
por Alfredo Carreras Rodriguez para La Independiente Digital
Si algo ha sorprendido a mucha gente de las revueltas violentas que se
han producido en algunas ciudades de Inglaterra es la ausencia de unos
ideales políticos detrás. Los jóvenes que se han sumado a las
actividades destructivas no parecen haber enarbolado ninguna bandera
doctrinal, ni expresar un deseo, aunque sea poco elaborado, de levantar
un tipo de sociedad diferente. ¿Podemos encontrar posibles explicaciones
para esta explosión de violencia aparentemente ciega, basada en el
saqueo y destrucción de comercios y negocios?.
Como era de esperar, han salido los políticos culpando a las familias de no educar bien a sus hijos, de la falta de valores... Pero pienso que debemos ir más allá de tales visiones, y si la falta de valores tiene una influencia, ver de donde surge una sociedad sin valores, ni ideales alternativos serios, y quienes la impulsan.
Como era de esperar, han salido los políticos culpando a las familias de no educar bien a sus hijos, de la falta de valores... Pero pienso que debemos ir más allá de tales visiones, y si la falta de valores tiene una influencia, ver de donde surge una sociedad sin valores, ni ideales alternativos serios, y quienes la impulsan.
Desde aquí considero que este tipo de revueltas, que simplificando y poniendo una etiqueta que quizás no sea muy justa, calificaré de nihilistas, hunden sus raíces en el tipo ideal de sociedad y ser humano desarrollado por la sociedad de la modernidad progresista, consumista, zoológica y tecnoburocrática. El enorme fomento a todos los niveles de los disvalores, de poner en el centro los bienes materiales, incluyendo más allá de su retórica a los críticos del sistema, y también por la izquierda y extrema izquierda en general, unidos en mi humilde opinión a dos factores, tales como la crisis económica, con el miedo latente a abandonar la sociedad de la opulencia, más ficticia que real, pero dominante en las mentes, y en segundo lugar la inexistencia de pensamientos y sociedades alternativas, más allá de los decrépitos restos del socialismo tiránico y sus partidos y sindicatos ha provocado la primera expresión clara de una revuelta nihilista, vacía, basada en el mero saqueo, que, eso si, no engaña a nadie en sus pretensiones.
Con esto no quiero afirmar que no exista un descontento latente. Sin embargo tengo la sensación que el mencionado descontento, lo que busca es poder mantener la llamada sociedad de la opulencia, la sociedad del bienestar material.
Es una revuelta descarnadamente materialista, reflejo de esos disvalores fomentados desde hace unos siglos, y de los que ninguna ideología del arco político, del conservadurismo al fascismo, de la socialdemocracia al bolchevismo o al liberalismo, han escapado. Pero, como he dicho antes, quizás por primera vez en la historia (un quizás dudoso, pues no suele encontrarse nada nuevo bajo el sol), unos amotinados renuncian a usar cualquier discurso político.
Ahora bien, ¿tienen razón aquéllos políticos que culpan a las familias?. Pues no, porque ellos son también causantes de la situación. Es un tópico y me avergüenza caer en ello, pero en el camino que desemboca en la sociedad nihilista, no hay un único culpable. Todos tenemos experiencia vital suficiente para haber escuchado muchas veces la frase de:"preocúpate por ti", "no te compliques la vida" y un largo etcétera, de boca de nuestras familias. Por otra parte, es evidente que al Estado, y a los políticos, no les interesa desarrollar una sociedad de la reflexión, de la libertad, de la autocontención o la no dominación. Porque lógicamente la sociedad podría plantearse cosas que hoy por hoy no hace.
En cuanto a la Institución central en la defensa de una visión moral, la Iglesia, ésta ha perdido toda fuerza como ejemplo moral de conducta. Su ocultamiento, por ejemplo, de los casos de pederastia que se han dado en su interior, anulan su predicamento.
Y por muy embrutecidos y adormilados que estemos, creo que todos, en mayor y menor medida, comprendemos la hipocresía en los discursos de políticos, algunas familias, Iglesia y demás. Se habla en ocasiones de valores, pero el éxito, la gloria personal, está en el triunfo económico y laboral. O en el dominio. Y mientras todo permanezca así, los adultos, que han contribuido a sostener lo que existe, inculcándolo a sus jóvenes, no pueden dar lecciones de moral.
Con esto no quiero afirmar que no exista un descontento latente. Sin embargo tengo la sensación que el mencionado descontento, lo que busca es poder mantener la llamada sociedad de la opulencia, la sociedad del bienestar material.
Es una revuelta descarnadamente materialista, reflejo de esos disvalores fomentados desde hace unos siglos, y de los que ninguna ideología del arco político, del conservadurismo al fascismo, de la socialdemocracia al bolchevismo o al liberalismo, han escapado. Pero, como he dicho antes, quizás por primera vez en la historia (un quizás dudoso, pues no suele encontrarse nada nuevo bajo el sol), unos amotinados renuncian a usar cualquier discurso político.
Ahora bien, ¿tienen razón aquéllos políticos que culpan a las familias?. Pues no, porque ellos son también causantes de la situación. Es un tópico y me avergüenza caer en ello, pero en el camino que desemboca en la sociedad nihilista, no hay un único culpable. Todos tenemos experiencia vital suficiente para haber escuchado muchas veces la frase de:"preocúpate por ti", "no te compliques la vida" y un largo etcétera, de boca de nuestras familias. Por otra parte, es evidente que al Estado, y a los políticos, no les interesa desarrollar una sociedad de la reflexión, de la libertad, de la autocontención o la no dominación. Porque lógicamente la sociedad podría plantearse cosas que hoy por hoy no hace.
En cuanto a la Institución central en la defensa de una visión moral, la Iglesia, ésta ha perdido toda fuerza como ejemplo moral de conducta. Su ocultamiento, por ejemplo, de los casos de pederastia que se han dado en su interior, anulan su predicamento.
Y por muy embrutecidos y adormilados que estemos, creo que todos, en mayor y menor medida, comprendemos la hipocresía en los discursos de políticos, algunas familias, Iglesia y demás. Se habla en ocasiones de valores, pero el éxito, la gloria personal, está en el triunfo económico y laboral. O en el dominio. Y mientras todo permanezca así, los adultos, que han contribuido a sostener lo que existe, inculcándolo a sus jóvenes, no pueden dar lecciones de moral.
Todos estos fenómenos son para mi las causas profundas del surgimiento de este tipo de levantamientos sin ideales, que reflejan una sociedad desesperanzada, que al no tener en el horizonte un ideal de vida diferente, se aferra a la lucha por los bienes materiales, una lucha desesperada y amarga que ni siquiera crea la impresión de haber fracasado por una causa noble, por algo que te ha embargado el espíritu de felicidad, aunque sea por breve tiempo.
Pero siempre hay alguien, mentes despiertas, que años atrás percibieron esta aterradora posibilidad. No quiero acabar sin mencionar a alguien que olfateó lo que podía aparecer. Me refiero a Louis Mercier Vega. Militante y pensador anarquista, trotamundos creador de diversas revistas, miliciano impulsor en tierras de España del Grupo Internacional de la Columna Durruti, estudioso de la realidad de América Latina antes de volarse la cabeza, en 1977, porque no quería verse envejecer, perder la lucidez, no poder seguir analizando la realidad. Prefirió adelantarse al fin en un gesto valiente, de hombre libre. Pues bien, Louis, en uno de sus libros, escrito unos pocos años antes de su suicidio, Anarquismo ayer y hoy, en sus últimos párrafos escribe un texto sobrecogedor por el fogonazo de lucidez y visión de futuro que pienso sirve para entender algo de lo que ha sucedido en el Reino Unido:
"Puede ser que la evolución del mundo, acelerada en el ámbito económico por un estado de guerra permanente, por la concentración de los poderes y una tecnología reservada a una minoría de cerebros, haga desvanecer el sueño de una sociedad obrera. Pero entonces, lo que nadie puede alejar es la perspectiva, tan evidente como los éxitos y realizaciones científicas, de que las revueltas se hagan nihilistas".
Desaparecida la idea de una sociedad libre creo, como Mercier, que llegó la hora de las revueltas nihilistas.
Pero aun así, no pierdo la esperanza en que sectores sociales críticos y descontentos, sepan levantar, en un futuro cercano, una nueva bandera de libertad, de vida alternativa, basada en unos valores elevados y no materialistas, para evitar el peligro nihilista.
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